DEBATE DECRETO REFORMA LABORAL


Señor presidente, señorías

Más de dos años después de que el Gobierno declinara su responsabilidad en aras a que los agentes sociales pactaran una reforma del mercado laboral, llega a esta Cámara un proyecto de decreto-ley que va a salir adelante por la disciplina férrea de unos y por la renuncia de los más a poner más palos en las ruedas de la bicicleta, en los engranajes no ya solo del Gobierno sino de las expectativas laborales de este país.

Señor presidente, señorías

Más de dos años después de que el Gobierno declinara su responsabilidad en aras a que los agentes sociales pactaran una reforma del mercado laboral, llega a esta Cámara un proyecto de decreto-ley que va a salir adelante por la disciplina férrea de unos y por la renuncia de los más a poner más palos en las ruedas de la bicicleta, en los engranajes no ya solo del Gobierno sino de las expectativas laborales de este país.

Va a salir la reforma (o mejor dicho, el arranque del proyecto de reforma) sin el mínimo entusiasmo, ni siquiera de sus proponentes. El anuncio de los 2,37 millones de contratos indefinidos en los próximos 18 meses es otra de las fatuas profecías que se volverán contra ustedes en poco tiempo.

Se pasaron dos años diciendo “pase de mí este cáliz” para tener que apurarlo al final deprisa y corriendo. Como un coctel de medidas variopinto que aspira a no enfadar demasiado a unos ni a satisfacer del todo a los otros .

Es decir, se ha asumido una postura de mediación más que de liderazgo, que es lo que cualquier país demanda en los momentos muy difíciles como el que atravesamos.

De “Decreto de los Recortes” al “Decreto de Reforma del Gran Contrato Laboral de España” (es decir del Estatuto de los Trabajadores) se ha producido una sutil diferencia, que debilita al Gobierno sobre todo; pero también a toda la clase política.



Y digo que debilita a toda la clase política (en mayor medida cuantos más diputados, peso y responsabilidad tiene cada grupo) porque es otra demostración de que ni siquiera en momentos tan graves se ha conseguido un acuerdo. Es que ni siquiera se ha discutido entre los dos grandes partidos; aquellos que deben garantizar mejor la continuidad de la reforma en caso de alternancia de Gobierno.

Y eso señorías, reconózcanlo, es un fracaso colectivo.

Para los que gustan de ver la botella medio llena, es indudable que estamos y estaremos ahora mejor que si la reforma no se hubiera plasmado en un decreto.

No sanará al enfermo, pero desde luego alguna de sus medidas aliviarán las rigideces funcionales de las empresas españolas: les permitirán organizar mejor sus efectivos, con más flexibilidad y versatilidad, con más productividad y, por tanto, con más competitividad en un mundo global.

Y en ellas debemos concentrarnos en las próximas semanas. Me temo que la nueva regulación del despido no es la más afortunada. Con lógica, a más de uno extrañará, que en tiempo de recortes generalizados, se abra una partida para subvencionar también parte de los despidos.

Coalición Canaria se va a abstener con el mismo espíritu de responsabilidad manifestado en la votación del Decreto de los Recortes. Como entonces, es una abstención activa, porque ni obstaculiza (tal como querían unos) ni convalida plenamente (tal como les gustaría otros)

Pero seguimos lamentando que todos los modelos globales y autónomos de cambio de país se le hayan roto, señor presidente: Empezando por su acumulativa Ley de Economía Sostenible; en unos tiempos en los que se le está solo insinuando al país es que quizá volvamos el año que viene o en 2012 al crecimiento económico; pero con un recorte de una de las tres bases de la Economía Sostenible: el pilar social.

Y se le ha roto en parte porque el mundo ha cambiado rápidamente y su Gobierno no lo ha hecho a igual velocidad. Y cuando lo ha hecho ha sido acuciado por Europa y EE.UU, con una pérdida de autonomía política no tanto pactada [como ocurrió hace 25 años al ingresar en la CEE] sino de algun modo impuesto.

Señor presidente: durante dos años se ha ido negando a decirle a este país que ya no puede vivir en un hotel de cuatro estrellas, ni soñar como lo hacia legítimamente, en pasar a uno de cinco.

Se ha negado a reconocerle que todos nuestros esfuerzos aspiran a que no baje de tres, como ya lo han hecho los cuatro millones de españoles que ya están en paro; o el millón de familias que tienen a todos sus miembros de